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[Panamá] La ciudad de Panamá, un canal y poco más

Y llegó el día que no queríamos que llegara, el día en que nos despedíamos de Bocas, de los nuevos amigos y del deepboarding. Tocaba continuar nuestro viaje. Y esta vez no sería en el jet privado, esta vez cogeríamos un bote hasta Almirante para llegar a tierra firme y de ahí un bus nocturno hasta Panama City.

La carita de pena que llevábamos encima se nos cambió por una mucho más sonriente cuando ya en el embarcadero vimos a Axel, uno de los chicos argentinos que conocimos mientras hacíamos de voluntarios en Under Sea. Íbamos a ir muy bien acompañados todo el viaje hasta Panama City.

Media hora después un taxi (incluido en el precio) nos recogía en Puerto Almirante y nos llevaba hasta la estación de autobuses. Teníamos más de media hora para comprar algunas provisiones antes de subirnos al bus que nos llevaría a la ciudad de Panamá.
Con unos cuantos snacks, unos litros de agua y una buena chaqueta ya estábamos preparados para aguantar las más de 10 horas de viaje. Y allí nos encontramos a Nicole, una chica portuguesa que también la conocimos haciendo deepboard 😉

Cada 2 o 3 horas paradita para interrumpir el sueño, estirar las piernas y de paso ir al baño… Ahhh y entrar en calor, porque el bus parecía que se había propuesto que sintiéramos que estábamos en Siberia (sin exagerar! :p ) Llegamos a Panama City sobre las 5:00 am y Axel, Nicole, Juny y yo decidimos compartir un taxi porque adivinad… Todos íbamos al mismo hostel en el casco viejo, el Luna’s Castle.
Poco después estábamos allí, ya que a esas horas no había tráfico. Panamá es una ciudad muy pero que muy congestionada en horas punta.

Llegábamos los 4 sin reserva y soñando con una cama, ya que lo que habíamos dormido en el autobús era poco o nada… Pero la ansiada cama tuvo que esperar y mucho! Hasta las 7:00 no se abría recepción, así que el de seguridad nos enseñó la zona de sofás para que al menos pudiéramos descansar un poco. Pero no éramos los únicos, habría como 6 personas más y al cabo de un rato llegaron muchas más. Nos acomodamos como pudimos unos en unos sofás, otros en sillones y algunos en hamacas. Yo me puse el despertador a las 6:55 am para hacer el check in lo más rápido posible. Me desperté y me fui a recepción imaginándome ya mi cama… Y la cama tuvo que esperar, nos dijeron que la persona en cuestión había tenido un problema y llegaría a las 8:00… A las 8:00 otra vez estaba yo allí … Y nada de nada, al final la recepción se abrió casi a las 9:00! Pero claro, la cola era tal que recibimos nuestra cama pasadas las 11:00!!

Después de descansar ya en buenas condiciones nos dimos cuenta de que ya era bastante tarde. No teníamos mucho tiempo, así que fuimos a comer un plato caliente (era la hora de la merienda pero eso no nos importaba) y luego a perdernos por el casco viejo de Panamá. Y a la vuelta nos encontramos con Axel y decidimos ir al bar del hostel para aprovechar el happy hour. Cervecitas, charlas, muy buena onda y alguna que otra conversación profunda. Y entre esas conversaciones una frase que pronunció Axel de Miguel de Unamuno que nos encantó “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”. Ahí lo dejo.

Tras 2 o 3 cervezas tocaba llenar el estómago, una pizza para compartir y a dormir que el día de mañana sería muy estresante.

Amanecimos ya más descansados, desayunamos buffet libre de pancakes con chocolate orgánico y bananitos (plátanos para los españoles, algún día puede que os escriba un post sobre la variedad de plátanos distintos que hay en estos países!!) y decidimos ir al Canal de Panamá. Sabíamos que teníamos el tiempo súper justo. A las 14:00 tendríamos que volver al hostal a por las maletas y llegar a un aeropuerto que estaba relativamente cerca del hostel pero que nadie sabía decirnos como llegar, porque al parecer nadie sabía de la existencia de ese aeropuerto!

Seguimos las indicaciones para ir al Canal de Panamá en transporte público y fue….. Un desastre!! Llegamos a la terminal de autobuses ya tarde, fue más complicado de lo que pensábamos. Todo por ahorrar claro está, en este viaje hemos aprendido y corroborado que o tienes tiempo o tienes dinero… Y nosotros en este caso no teníamos ninguna de las dos cosas… Finalmente llegamos a Miraflores, que es el centro de visitantes desde donde ves todo el funcionamiento del canal… Cuando está en marcha… claro! En domingo no suelen pasar muchos barcos y el único previsto del día era a las 14:45. Meeeeeeec, error! Sabiendo todo esto y viendo que la entrada al museo y al mirador del centro valía 15 $ y lo único que íbamos a ver era una acequia grande porque no iba a estar en funcionamiento… Abortamos misión! Una fotito a través de un agujero de la verja y un medio check de lo imperdible de Panamá. Otra cosa sería verlo en movimiento pero era imposible, así que a otra cosa mariposa…

Si lo piensas bien es una construcción (una de las mayores de la ingeniería moderna) de más de un siglo que proporciona una ruta mucho más corta entre los dos océanos. No me cabe la menor duda de que verlo en directo tiene que ser una auténtica pasada y si no mirad este vídeo.
Como curiosidades os puedo decir que justo el pasado 15 de agosto se cumplían 100 años (2 semanas después de nosotros estar allí), que el mayor peaje por transitar el canal es de US$317.142, pagado el 7 de mayo de 2008 por el carguero MSC Fabienne y el récord del peaje más bajo fue establecido en 1928 por Richard Halliburton, que nadó el Canal pagando un peaje de sólo US$0,36. Su travesía de 10 días comenzó el 14 de agosto y terminó el 23 del mismo mes. Un dato que me ha llamado mucho la atención es que durante la construcción del canal se eliminaron más de 183 millones de m³ de material originalmente excavado que si se pusiera en un tren de plataformas, le daría la vuelta al mundo cuatro veces! Si os interesa el tema en la wiki está toda la información, que no quiero aburrir! 😉

Vuelta en taxi hasta la terminal de buses (después de regatear y rechazar a más de uno), en metro al hostal a recoger las mochilas y a irnos esta vez nosotros dos solos a tomar un bus que no sabíamos siquiera si paraba cerca del que resultó ser un mini aeropuerto que en nuestra tarjeta de embarque decía que se llamaba llamado Balboa pero que ahora lo llamaban Panama Pacific International Airport (suena mejor verdad?) y era la antigua base aérea de Howard. Salimos del hostal y justo en la entrada había un taxi que nos ofrecía llevarnos al aeropuerto, le explicamos que no era el aeropuerto Internacional de Tocumen al que todo el mundo solía ir, pero por suerte el taxista estaba al corriente de que vivacolombia había abierto un nuevo vuelo a Medellín y a Bogotá desde Panama City y sabía donde estaba la base a la que queríamos llegar. Nos dio un muy buen precio y nos subimos al taxi… sin comer… meeeeeeeeeec otro error. Llegamos muy bien pero muy pronto ya que habíamos calculado el tiempo para ir en bus y además en hora punta.

Era un edificio pequeño pero totalmente reformado. De hecho, sólo había la compañía de vivacolombia y había dos vuelos diarios máximo. Esa tarde sólo estaba previsto el nuestro y no había ni una sola máquina donde comprar ni unos tristes snacks. Menos mal que mujer precavida vale por dos y aún llevaba en la mochila algo parecido a unas tuc tuc que nos habían sobrado de las provisiones que habíamos comprado para nuestro viaje nocturno en bus. 3 horas allí aprovechando para escribir pero muriéndonos de frío y sin poder comer nada más. Por suerte había una fuente de agua potable 😉

Llegó el avión y sólo eso fue toda una expectación. Imaginaos la situación, era EL vuelo. El único del día!

Por fin lo habíamos conseguido, después de tantas horas de búsqueda de todas las alternativas, íbamos a llegar a Colombia en avión y por un precio extremadamente barato!
Teníamos muchas ganas y estábamos muy ilusionados por conocer un país al que absolutamente todos los viajeros que habíamos conocido nos habían recomendado!

Próxima parada: Medellín 🙂

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[Panamá] Bocas del Toro, dos semanas más?

De Panamá a Colombia… VivaColombia!

Llevábamos semanas buscando como locos la manera de cruzar la frontera entre Panamá y Colombia sin que nos costara un riñón. Resulta que lo que nuestra intuición nos decía, “hay conexión terrestre, luego habrá posibilidad de cruzar la frontera por tierra” estaba muy lejos de la realidad. No hay una carretera que cruce dicha frontera. Es más, el estrecho de Darien es una zona de selva donde se interrumpe la famosa carretera panamericana, principalmente controlada por la guerrilla, así que mejor buscar alternativas. Las posibilidades más habituales eran dos: ir en avión con Copa Airlines o Avianca (más de 300 EUR por cabeza… OMG! ) o por vía marítima con una conexión a través de las Islas San Blas llegando a Turbo (cinco días de travesía, con un precio mínimo de 350 USD por persona en viaje organizado, llegando a 280 USD si lo hacías por tu cuenta). ¿Pero como íbamos a pagar esas barbaridades? Y tras preguntar y repreguntar, buscar y requetebuscar, tirarnos de los pelos hasta quedarnos calvos, al final y de pura chiripa, encontramos LA solución! En dos semanas la compañía VivaColombia abriría su primer vuelo internacional, precisamente desde Ciudad de Panamá hasta Bogotá o Medellín, con precios muy interesantes! Así que si nos esperábamos algunos días más para ir a Colombia, podríamos volar por 124 EUR… los dos! De locos XDDD Pardal que vola, a la cassola! Billetes a la saca, ahora a buscar qué hacer en esas dos semanas :p

Deepboarding… fabricando una TOU que no podíamos dejar pasar!

Con estas dos semanas “de margen” en mente, nos fuimos a nuestro segundo día de deepboarding. Pasarse el día en el mar y descubriendo los fondos marinos era una sensación tan fantástica que no podíamos dejar de sonreír. Pero a la vez ya llevábamos dos semanas en un pueblo que no tenía mucho más que ofrecer. Podíamos ir a Boquete, o tratar de visitar la costa pacífica de Panamá, o… tratar de crear una tercera alternativa, algo que realmente nos apeteciera, que nos motivara, que nos permitiera aprender y disfrutar a la vez.

Estábamos en Bocas, y habíamos descubierto algo que nos encantaba, que queríamos hacer una y otra vez, pero que se nos salía del presupuesto. Así que tras un buen rato dudando, nos decidimos a ir a hablar con Diego y Yelenis, los bosses de Under Sea, para comentarles la situación,… aunque en realidad no sabíamos muy bien qué les podíamos decir, y menos ofrecer. No teníamos nada que perder y mucho que ganar, en realidad estábamos intentando aprovechar una TOU! (TOU: Teoría de la Oportunidad Única, legendario acrónimo acuñado por Pepe Crespo, ie mi padre) Fuimos a la oficina, y no estaban. Seguimos imaginándonos la situación y volvimos al rato, era nuestro momento! Le explicamos que habíamos comprado el vuelo de salida de Panamá y que teníamos dos semanas de margen para hacer lo que quisiéramos. Y que lo que más deseábamos era poder salir alguna vez más al mar a hacer deepboarding. Y que aunque la actividad se nos salía del presupuesto de esta vuelta al mundo, se nos había ocurrido que podríamos hacer de voluntarios y ayudarles en todo lo que pudiéramos, a lavar máscaras, a trabajos de oficina, a servir la comida en Zapatilla, a vender,… a cambio de que algún día nos sacaran al mar 😛 Por la cara que pusieron, parece que no era el tipo de propuestas que recibían todos los días pero lo hablaron y  nos respondieron “Por qué no?, Vamos a probar y a ver que pasa!” En seriooo?? Que guapooooo! Si al menos pudiéramos salir un par de veces más al mar… Hahaha, yehaaaaa! Habíamos conseguido crear nuestro propio camino, inventar nuevas oportunidades, nos encantaaaa!

Y es que el deepboarding es sencillamente brutal. Es lo más cercano a sentirse como un pez, mmm bueno no, más bien como un delfín, porque de vez en cuando tienes que subir a la superficie para respirar 😛 Para que os podáis hacer una idea, aquí va la explicación de la falla. Te llevan hasta una zona donde se puede hacer snorkel y empiezan los preparativos. Material imprescindible: gafas de bucear, tabla de deepboarding,  cuerda, y lancha. Material opcional: tubo, para los que se sientan cómodos utilizándolo. Todo ello te lo proporcionan los chicos de Under Sea. Cuerpo estirado en horizontal con los brazos al frente a lo superman, cogiendo la pequeña tabla. La tabla es transparente, de no más de unos 70 cm de ancho, con forma ligeramente curva. A esta tabla se le engancha una cuerda hasta la lancha, que hará la función de remolque. Instructor en el centro, con dos-tres alumnos por cada lado… y empieza la acción!

Manteniendo la punta de la tabla hacia arriba, empiezas a navegar en superficie. Simplemente metiendo la cabeza en el agua ya puedes observar los corales, estrellas de mar, peces,… pero aquí empieza lo interesante. Al meter la punta de la tabla hacia bajo, empieza a sumergirse y tu detrás de ella! Cuando ya estás a uno o dos metros de profundidad… levantas ligeramente la punta de la tabla, la mantienes en horizontal y sigues a esa profundidad. En el momento en que quieras subir a respirar, punta de la tabla hacia arriba y, voilá, a la superficie! Conforme vas cogiendo confianza puedes ir sumergiéndote más o aguantando más tiempo bajo el agua.

Y cuando ya tienes estos movimientos básicos (y muy intuitivos) controlados, puedes empezar a abrirte hacia un lado o hacia el otro, a sumergirte y pasar por debajo de los demás, a ponerte boca arriba dentro del agua, a hacer tirabuzones, intentar andar sobre el fondo marino! Lo máximoooo!

Es una sensación que no se puede explicar, como la que puedes tener al volar en parapente o hacer submarinismo. En este caso como si te pudieras meter en el cuerpo de otro animal, de un animal acuático que te permite deslizarte dentro del agua suavemente. Controlando siempre tus movimientos hasta que llega un momento en que te los haces propios, y forman parte de ti. Eres uno más en el ecosistema marino, y puedes sentir la libertad de la ingravidez, de moverte prácticamente sin limitaciones, de esquivar suavemente corales o alguna medusa que te puedas encontrar, de sumergirte tanto como te de la cuerda (o en mi caso como te den los pulmones), aprender a compensar y sentir la diferencia de luz y temperatura, de girar la tabla y salir prácticamente catapultado hacia la superficie.

Aunque he de decir que lo que más me gustaba de todo era hacer el deepboarding al lado de Mónica 😉 Era como si fuésemos una pareja de delfinitos, subiendo y bajando, de vez en cuando me sumergía un poco más abajo que ella, me colocaba justo debajo y me daba la vuelta de manera que pasaban unos segundo mágicos mientras navegábamos a escasos centímetros en paralelo, con las caras enfrentadas, viviendo al máximo el momento. Pura felicidad y armonía con el mar y la naturaleza!

Pero por supuesto, los masters del universo eran Diego, Moisés y Conrado, los instructores. Verles en acción era todo un espectáculo! Qué capacidad pulmonar, técnica y arte tenían.  Día tras día, íbamos mejorando, aprendiendo de ellos hasta que el último día llegué incluso a hacer lo que pensaba que sería imposible para mi: sentarme sobre la tabla e ir sin manoooos! De este momento no hay fotos, solo un video, pero dado que la GoPro se pone en el centro de la tabla, y cuando vas sentado sobre ella pones una pierna a cada lado, he considerado poco elegante colgar este momento desde esta perspectiva XDDD Si alguno está interesado en ver la prueba del delito, póngase en contacto con nosotros!

Y así fue como pasamos nuestras dos últimas semanas en Bocas del Toro, saliendo al mar no una o dos veces sino… casi cada día! Emocionándonos cada vez que conseguíamos ver a unos delfines, en ocasiones enseñando a nadar a sus crías. Al principio, nuestra capacidad de ayuda era muy básica, limitándose a limpiar el material a la vuelta o ayudar con la comida en Zapatilla, pero poco a poco fuimos aprendiendo. Los días que no salíamos hacíamos de comerciales. Un día, tuvimos un aluvión de gente last-minute, y me tocó hacer de guía. Allí estaba un dianense haciendo de guía turístico en Panamá, explicando los hábitos del delfín de nariz de botella, de los osos perezosos, y qué eran  los manglares. Yo me senté en la proa y Mónica de apoyo en la popa. Un grupo de argentinos y españoles majísimos. Allí conocimos a Axel, con quien compartiríamos muy buenos momentos en Ciudad de Panamá.

Pero el día siguiente aún fue mejor, porque el overbooking fue tal, que necesitaban dos guías! Así que Mónica a una barca y yo a la otra, solos frente al peligro… que oportunidad tan únicaaaaa XDDD Y que orgulloso de ver cómo Mónica hacía frente a uno de sus mayores miedos en este mundo y lo superaba con matrícula de honor!

Y así fue como seguimos progresando en ver como funcionaba una agencia de tours y practicando deepboarding. Y uno de los  últimos días nos fuimos hacia Playa Estrella con una pareja de argentinos y otra de ticos, (Lucrecia y Juan Pablo), donde ya llegamos al máximo nivel: instructores de deepboarding! Hay que decir que eran alumnos avanzados, aunque les pude explicar algunos truquillos y todos terminaron haciendo tirabuzones y “panza arriba submarino” XDDD

Y como toda buena historia, está también llegó a su fin. Llegó el día de despedirnos, no sin pena. Incluso habían sacado una oferta para instructores de deepboarding y nosotros ya teníamos el “currículum” perfecto! Pero debíamos continuar. A pesar de lo feliz que nos sentíamos estando todo el día entre islas, viendo preciosos animales, con buena parte del tiempo en el agua y haciendo una actividad que no se puede hacer en ninguna otra parte del mundo… era el momento de cerrar capítulo. Eso sí, si en el futuro podemos y encontramos un buen lugar… no descartamos montar un chiringuito bien chulo de deepboarding y mojitos!

Muchísimas gracias Diego, Yelenis, Mabel, Moisés, Conrado… fueron dos semanas inolvidables, ojalá nos podamos volver a ver algún día disfrutando de los fondos marinos ;D Un abrazo giganteee!!

[Panamá] Bocas del Toro, relax, mojitos y mar

Alex y Lupe nos llevaron de buena mañana al aeropuerto de San José, donde cogeríamos nuestro vuelo hasta Bocas del Toro. Qué huéspedes tan fantásticos! Ojalá podamos devolveros el favor cuando tengamos nuestro propio hogar en España o en cualquier costa del mundo!

Pagamos las tasas de salida de Costa Rica, y nos dirigimos a pesar las maletas. Volábamos con Air Nature, aquel vuelo “de vuelta” que habíamos comprado en el aeropuerto de Miami para que nos permitieran embarcar en el avión. Al leer las condiciones, nos habíamos dado cuenta de que los pesos de equipaje admitidos  para este vuelo eran ridículamente pequeños: tres kilos y medio para la maleta de mano y apenas siete para la “facturada”. Con el fin de evitar pagar otra maleta, Mónica y yo nos habíamos pasado la noche anterior viendo como encajar todo lo que llevábamos en esos dos bultos, y finalmente comprobamos que con todos los bolsillos atiborrados de tecnología, estábamos justo por debajo límite permitido. Y así llegamos al mostrador, con el convencimiento del que ha hecho un buen trabajo. Pesamos la maleta a facturar, y perfecto! Peso clavado. Y cuando ya íbamos a poner la de mano, nos dicen que nos subamos a la báscula… nosotros! Nos hicieron pesarnos a nosotros mismos! Resulta que tienen otra cláusula que dice que si pesas más de 112 kg te hacen pagar dos pasajes, y para no discriminar “a ojímetro” a los gordos de los muy gordos, obligan a todo el mundo a pesarse. Así que nos subimos con la chaqueta y todos sus bolsillos a tope de cables, baterías, discos duros, móviles,… vamos que ni Robocop, y… nos dieron su visto bueno! Prueba superada, yeaaaah!

Pasamos el control de seguridad, con todo los accesorios tecnológicos de nuevo en la maleta de mano, y llegamos a la sala de espera previa al embarque. Sospechosamente, no había más de 20 personas, y para más inri algunas iban hacia otros destinos. Qué raro! :S En la pantalla de la puerta no aparecía el nuevo vuelo. Había un poco de desconcierto. Finalmente hicieron la llamada para Bocas del Toro, y allí que nos presentamos una decena de pasajeros. Subimos al bus y tacháaaan… llegamos a la avioneta más pequeña que jamás habíamos visto. Con una capacidad para quince personas, con tres asientos por fila, sin separación entre la cabina de pilotos y los pasajeros… genial! Un vuelo prácticamente privado y a coste de uno comercial!

El despegue fue apasionante, fue como vivirlo desde la propia cabina de pilotos. En primera linea. Sintiendo los movimientos como nunca, viendo la tranquilidad de los pilotos y las risas que se echaban. Además, el vuelo transcurría a menor altura que uno normal por lo que pudimos disfrutar de los increíbles paisajes verdes el sur de Costa Rica. Descenso y aterrizaje no menos espectacular en Bocas, sobre una especie de carretera recta con una casita que hacía las veces de terminal.

Salimos de la avioneta bajo un sol tórrido (más tarde nos daríamos cuenta que estábamos en época de lluvias y que más bien era un día excepcional, pero no avancemos acontecimientos). Nos dirigimos hacia la caseta que hacía las veces de terminal, donde un hombre con semblante tranquilo nos pide los pasaportes para hacer unas fotocopias y nos dice que podemos sentarnos y relajarnos, que estamos en Bocas, y que aquí eso del estrés no se lleva XDDD Y de verdad que fue así! Pasó un cangrejo por el medio de la sala, nos llamaron, tomaron algunos datos, pasaporte cuñado y bienvenidos a Panamá! Salimos del edificio, y para nuestra sorpresa, ni taxis, ni buses,… ya estamos en el centro del Pueblo de Bocas! Preguntamos por el hostal Heike, y no tardamos en encontrarlo. Isla Colón tiene cuatro calles (literalmente) y todo el mundo se conoce. Al llegar, nos recibió Susana. Nos invitó a dejar las mochilas y a cocinarnos unos pancakes de buena mañana mientras se hacían los check out y veíamos si quedaba algún hueco para nosotros. Como siempre nosotros llegando sin reserva a los sitios, pero la suerte se volvió a aliar con nosotros. Un grupito se iba y nos quedamos en una habitación de cuatro en la propia planta baja. Ya que estábamos en un pueblito tan tranquilo (no parecía que hubiera mucho por hacer), y que veníamos tan cansados de cuatro meses sin parar de viajar y con una cantidad enorme de emociones y experiencias, decidimos que sería un buen lugar para pasar una semanita simplemente recuperando fuerzas y poniendo al día el blog.

Pero como tampoco era plan de “perder el tiempo” preguntamos si conocían algún lugar donde pudiéramos hacer de voluntarios o trabajo a cambio de hospedaje o algo así. Fuimos a tres o cuatro sitios, pero no encontrábamos algo que nos llamara la atención. A media tarde, Susana nos llamó para presentarnos a Augusto, un joven brasileño que había estudiado hostelería en España y trabajado siete años en Madrid. Era el encargado del Barco Hundido, uno de los bares más conocidos del lugar, y nos propuso servir mojitos por las tardes a cambio de comisión por unidad vendida. Nos pareció un trabajo simpático, y aunque toda nuestra carrera como bartenders se resumía a poner cervezas en el Hadronic Festival y poco más, él se ofreció a explicarnos como prepararlos, y algunos truquillos del profesional de la barra. Así que aceptamos y esa misma noche nos fuimos a descubrir el que sería nuestro nuevo trabajo.

Los primeros días fueron flojitos, y nos sirvieron como rodaje para el jaleo que se formaba allí los viernes y sábados. Algunos de los clientes empezaban a repetir, ya no en la misma noche sino que venían también otros días, lo que daba una cierta satisfacción. Nuestros esfuerzos estaban dando resultados. Yo cortaba las limas, las mezclaba con sirope, las estrujaba y las aderezaba con el ron o vodka y las hojitas de hierba buena. Mónica servía los hielos y terminaba el coctel, finalmente lo removía suavemente para que todo quedara bien mezcladito, dos pajitas, y voilà: caipiroska o mojito servido!

Y así estuvimos dos semanas, durante el día leyendo y escribiendo. Por las tardes algunos días Mónica iba a zumba, otra nos iniciamos en el yoga, otra en jiu-jitsu, y la que no llovió nos fuimos a Playa Estrella. Y por las noches aprendiendo y disfrutando de ser bartenders, un trabajo a ratos estresante pero que te permite conocer a muchísima gente, hablar con ellos, que te cuenten lo que han hecho por la zona y hacía donde se dirigen, contarle tu historia y seguir cortando limas como si no hubiera mañana. 

Y así fue como en nuestra última tarde sirviendo mojitos, hablamos con un cliente francés que nos contó que había hecho un tour con una compañía que se llamaba Under Sea y que había hecho una cosa que se llamaba deepboarding y que le había encantado.

Así que para allá nos fuimos, a reservar el tour a Zapatilla con Under Sea. Una empresa llevada por Diego y Yelenis, un español y una cubana supersimpáticos que habían tenido el coraje de abrir un negocio en este recóndito lugar del mundo. El tour estuvo muy bien, pero el deepboarding fue algo superior. Nos volvió locos! Tanto que al día siguiente (el que iba a ser nuestro último día en Bocas del Toro) quisimos repetir, y contratamos el otro tour que ofertaban, ligeramente más económico aunque al final éramos los únicos y nos ofertaron ir a de nuevo a Zapatilla… con doble deepboarding! Yeehaaaaaa, como íbamos a negarnos?

Tuvimos la gran suerte que salió un día fantástico y pudimos disfrutar aún más si cabe de ver a los osos perezosos, pasear por Zapatilla, snorkel, doble sesión de deepboarding, y a la vuelta… delfines! No habíamos tenido la suerte de verlos aún, pero cuando estábamos a unos 15 minutos de llegar, allí estaban! Qué sensación tan increíble poder ver aparecer sobre la superficie del agua sus lomos y aletas… Día redondo y vuelta a la que pensábamos sería nuestra última noche en Bocas, pero el destino nos tenía preparado algo aún mejor… (continuará :p)