[Camboya] Phnom Penh y la terrible historia del Khmer Rouge

Desayunamos unos noodles en el restaurante más local que encontramos cerca del hotel en Battambang (en uno de esos que te tienes que comunicar por señas porque no hay una sola palabra que coincida entre nuestros idiomas y para pagar te ponen un numero en un papel, benditos números universales!), recogimos las maletas del hotel y sobre medio día salimos en dirección a Phnom Penh. El trayecto, a pesar de no ser muy largo (350 km), lleva sus siete horitas, así que llegamos ya completamente de noche.

Llegando a Phnom Penh uno trata de convencerse de que está entrando en la capital del país. Carreteras sin asfaltar, casas con solo dos o tres alturas, cientos de pequeños tenderetes de comida inundan ambos laterales, alumbrado público mínimo,… pero sí sí, habíamos llegado! Negociación con el tuk-tukero y al One Stop Hostel!

Mónica había estado informándose sobre la ciudad, y parecía que lo más interesante de la misma era conocer la historia de Camboya entre 1975 y 1979. Bajo el régimen del Khmer Rouge dirigido por Pol Pot, más de 2 millones de camboyanos murieron, en uno de los peores genocidios de la historia. Increíble cuanta ignorancia llevo acumulada… ¡Habíamos estado ya en este país hacía dos años y yo ni me había enterado! Así que esta vez preferimos “perder” un par de días poniéndonos al día en la materia antes de ir a ver los “Killing Fields” y la “Prisión S-21”.

Como habréis podido comprobar, no hicimos mucho turisteo por la capital, pero es que en esta ocasión queríamos centrarnos en saber qué había pasado en este país en los años 70.

La documentación básica que sugerían es el libro “First They Killed My Father”, la película “Killing The Fields”, y los documentales “Year Zero: The Silent Death of Cambodia” y “S21 – The Khmer Rouge Killing Machine”. Así que sin tiempo que perder nos pusimos manos a la obra, y un par de días después estábamos en la onda necesaria para conocer de primera mano dos de los lugares más representativos de semejante barbarie.

Para aquellos que no conozcáis la historia reciente de Camboya, ahí va un resumen rápido para que os pongáis en situación. A mediados del siglo XIX, un francés se encontró de chiripa las ruinas de Angkor Wat, cerca de Siem Reap, y viajó por el río Mekong hasta llegar a Laos. Estos dos descubrimientos despertaron el interés de Francia por la región, y años después se instauraba un “protectorado” francés sobre Camboya. Poco a poco el protectorado fue expandiendo sus funciones a través de firmas y tratados, alguna de ellas con un buque de guerra apuntando a la capital… por si acaso no le venía bien firmar o le entraban dudas.

Durante la II Guerra Mundial, las tropas japonesas invadieron Vietnam y posteriormente entraron en Camboya. Este hecho, junto con el progresivo despertar de la identidad nacional de los camboyanos fue tomando forma, y progresivamente fueron recuperando su independencia hasta que Camboya se independizó completamente en 1953. Sihanouk fue su gobernador hasta que, en 1970, su mano derecha Lon Nol le hiciera la trece catorce y le derrocara en un golpe de estado. Lon Nol se pone de parte de los americanos en su guerra contra Vietnam, y aún así USA bombardea su noroeste de Camboya llevándose por delante a nada más y nada menos que 600.000 personas, eran efectos colaterales de tratar de eliminar las bases del Vietcong. Desde 1970 hasta 1975 se produce una guerra civil en Camboya, que termina el 17 de abril de 1975 con la entrada de en Phnom Penh de los Khmer Rouge (Khmer es la palabra que se utiliza para referirse a los camboyanos, y Rouge por ser una milicia de carácter marxista), liderados por Pol Pot.

Al principio, la población al completo salió a las calles de la capital para celebrar el fin de la guerra civil, pero poco duró la alegría. A las pocas horas, los Khmer Rouge evacuaban todas las ciudades del país, llevándolas a los campos, con el pretexto de que los americanos iban a bombardear. Y ahí empezó el éxodo del que muchos no volverían. Millones de personas tomaron el rumbo de los campos de trabajo, donde no habría clases ni diferencias. Todos vestirían pantalón y camisa negra, con una faja roja. El dinero ya no valía nada. Profesores, médicos, ingenieros, personas con conocimiento de lenguas extranjeras,… todo aquél que tuviera formación representaba una amenaza para el régimen y por lo tanto eran los primeros en “desaparecer”. Mientras tanto, jornadas interminables de trabajo en el campo, bajo un sol despiadado o entre el fango en la época de lluvias. Todo a cambio de un bol con caldo y arroz (éste último en mayor o menor cuantía según las circunstancias políticas). Cuando los Khmer Rouge tenían que defenderse de los vietnamitas que trataban de liberar al pueblo camboyano, estaban obligados a vender el arroz que cosechaban a los chinos a cambio de armas, por lo que su población se iba desnutriendo. En época de paz, el bol tenía un poco más de arroz y recuperaban algo de peso. La población padecía hambruna y muchos murieron por desnutrición, falta de atención médica (ah claro, que a los médicos se los habían cargado!), y enfermedades. Paralelamente, todo aquel que presentara una amenaza era automáticamente detenido y posteriormente, tras confesiones absurdas y torturas infames, ejecutados.

La prisión S-21 está en el centro de Phnom Penh y fue el centro de operaciones de Pol Pot. Allí se torturaba a los prisioneros para obtener confesiones (no importaba cuan reales fueran, sino que debían implicar a terceras personas y que hubiera participado en algún complot en contra del régimen: ya fuera pertenecer al FBI o al KGB, o ser espía de quien fuera…). De ahí, cuando ya no tenían nada más que decir (o mejor dicho, que inventar), los trasladaban hasta Choung Egk (uno de los Killing Fields). En este último murieron unas 20.000 personas… nada en comparación con los 2 millones de personas que fallecieron durante los 4 años de régimen comunista extremo aplicado por los Khmer Rouge. Entre un 25 y un 30% de la población del país desapareció en este periodo.

Finalmente, el 8 de enero de 1979 los vietnamitas consiguieron derrotar a los Khmer Rouge y empezó el proceso de “reconstrucción” de la Camboya moderna.

Pensar que todo esto ocurría sólo tres años antes de que yo naciera, me hace pensar que no aprendemos. Que la historia se repite una y otra vez. Que no hay un interés real de las grandes potencias militares en que los países sean libres y democráticos. Que por el interés te quiero Andrés, y si en un país no hay petróleo, materias primas o droga que pueda interesar, pues vamos a dejar a sus anchas a un dictador y que mueran de hambre los ciudadanos o peor, masacrados por el régimen. ¿Sabéis lo que pienso? Pienso que la democracia, o mejor dicho, la palabra “democracia”, es una “llave maestra”, un “as en la manga” que permite a los más poderosos intervenir (o no) y entrar (o no) en el país que quieran y cuando les venga en gana. Y en este caso decidieron que no, que Camboya no tenía el derecho de ser libre ni sus ciudadanos el derecho a una vida digna. Ya vendrían sus vecinos cuando pudieran a echarles una mano, y si no… pues nada.

Bueno, parece que hoy me he calentado, pero es que el sentimiento de impotencia que te entra, mezclado con la pena de tantas vidas perdidas, no te permite suavizar los pensamientos, sino más bien te los esclarece…

El próximo domingo “nos vamos” de nuevo al mar, a recuperar energías positivas a Sihanoukville y a la preciosa isla de Koh Rong.

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