[Colombia] Playa del Ritmo y ecoaldea… Hare Krishna!

Hola amigos! Antes que nada, quería daros las gracias por todo el apoyo y las fuerzas que nos estáis transmitiendo. Me cuesta mucho comenzar a escribir como si nada hubiera ocurrido, por ese motivo aún no he sido capaz de plasmar nada en nuestro blog sobre el viaje. Me encantaría poder contaros todas nuestras vivencias en esos días tan fantásticos que disfrutamos en el Norte de Colombia y eso es lo que voy a intentar. Ahí va!

Y tras nuestros fabulosos días en Medellín partimos hacia el norte de Colombia. Después de un mes de voluntarios en el Buddha y de tener la oportunidad de conversar con tanto huésped viajero, decidimos que teníamos que hacer el trekking de 5 días a la Ciudad Perdida del que tanto nos habían hablado. La Ciudad Perdida es un escondido poblado indígena tayrona situado en la preciosa Sierra Nevada por el que sólo puedes acceder a pie. Este trekking parte desde Santa Marta o Tayrona, algunos de los lugares que queríamos visitar, así que contando los 5 días que necesitábamos para poder realizarlo y planeando desconectar unos días en la playa (ya que se acercaba mi cumpleaños y a mí me apetecía estar cerca del mar, para variar :p) decidimos comprar los vuelos. Y digo los vuelos, porque con la compañía VivaColombia te sale más barato el avión que tomar un bus que tarda un montón de horas en llegar. Ver para creer!

Así que después de las despedidas en nuestro querido Buddha hostel nos fuimos volando hacia Santa Marta. Pacho y Duvan nos habían recomendado el hostel Playa del Ritmo, que está situado literalmente en la playa. Está muy cerca del aeropuerto y de la playa del Rodadero, a media hora de Santa Marta. Fue allí donde nos llevamos el gran chasco! Nos enteramos de que durante las próximas dos semanas, el trekking de la ciudad perdida se había cancelado por motivos de ritos de los indígenas y nos sería imposible visitarla. Menudo bajón! Era el único momento del año en que se suspendía y nosotros no lo sabíamos. Pero bueno, al mal tiempo mala cara (ah no! buena, buena cara! XD), nos quedaban muchos días totalmente libres por delante hasta nuestro próximo vuelo. Lo que hicimos fue descansar y disfrutar del mar. El sitio invitaba a relajarte, a pasear por la playa, a hacer kayak (el hostel tenía una totalmente gratuita para los huéspedes), a disfrutar de atardeceres… Tras varios días allí, de algún que otro partido de fútbol en la arena y de algunas conversaciones sobre algunos de los preciosos lugares que queríamos visitar nos hicimos amigos de Mattias, un chico italiano que trabajaba de voluntario en el hostel. El chico había aprendido hacía unos meses a mezclar canciones y se notaba que era lo que más le gustaba. Tanto era así que una noche se ofreció a impartirle unas clases gratuitas a Juny sobre como utilizar una mesa de dj’s! Esa noche fue muy divertida y musical, ya que un hacía solo un rato que un huésped colombiano nos había dado a todos unas clases de salsa también gratis. Absolutamente genial!

Durante esos días Juny estuvo buscando alguna actividad diferente y especial para hacer en mi cumpleaños y encontró un programa de voluntariado en el Gambhira Eco Yoga Village. Las condiciones eran muy flexibles podíamos ir cuando quisiéramos y quedarnos cuantos días deseáramos a cambio de un precio muy razonable y de unas 4 horitas de trabajo por las mañanas.
Así que después de disfrutar de unos días en Playa del Ritmo, nos despedimos y decidimos irnos una semanita o 10 días de desconexión total a una aldea ecológica a comer bien, sano y saludable, a aprender de actividades sustentables como la agricultura orgánica y las eco construcciones, arte oriental, y sobre todo a aprender un poco de Yoga y meditación en contacto con la naturaleza.

Pero lo que nos encontramos fue una cosa totalmente distinta… Gambhira era una comunidad que a parte de la horita de yoga matutina, el resto era toooodo Hare Hare Krishna… con su templo, se levantaban a las 3am para cantar y bailar durante tres horas. Todas las noches me despertaba asustada y con pesadillas porque en la finca de al lado había unos cerdos que como Juny describía muy bien, sonaban como una mezcla entre orcos y una matanza de demonios! La comida era no sé si era vegetariana o vegana, lo que sí tengo claro es que era totalmente insípida! No se podía probar mientras se cocinaba por cuestiones “sagradas” (por lo que estaba malíiisima), los huertos ecológicos “habían desaparecido por la sequía”, así que ni aprendimos nada de agricultura ni comimos nada de verdura ni de fruta orgánica. Yo me quedé bien delgadita, porque no comía pero es que tampoco bebía! El agua estaba hervida, sabía fatal y tenía cositas dentro… Y como no había suficiente fiesta con esto podías disfrutar de la naturaleza con unas arañas enormes y feas, negras y naranjas, cucarachas tamaño gigante y los ciempiés como un antebrazo de grandes, que se colaban por los tejados de hoja de palma de las cabañas. Y por supuesto las actividades de por la tarde prometidas en su página web no se hicieron…

Es de las cosas más curiosas que nos ha pasado en estos meses, no tuvimos ni ecología, ni yoga, pero fue toooooda una experiencia y nos enseñó a apreciar otras más buenas que nos pasan constantemente durante nuestro viaje.

Aunque como os podéis imaginar… No me apetecía pasar mi cumpleaños con este fiestón, prefería algo más de relax, así que aguantamos 3 días allí y nos fuimos hacia Santa Marta a hacer alguna cosa más turística y menos original, jajaja.

El próximo domingo, más y mejor: Santa Marta y muuuucha playa en Palomino y Tayrona!

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